el cometa o deltoide

el cometa o deltoide

Es un cuadrilátero cuyos lados contiguos son iguales dos a dos. Dicen que la música al igual que el baile tiene una base matemática de tiempos y espacios, posiciones geométricas en armonización, por tanto creo que es razonable que también las imágenes muestren esa esencia en su rostro, ya que su proceso cognitivo se desarrolla en el cerebro y se muestra en la figura del bailaor.

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A mi hermano Antonio, fallecido hace dieciséis años

Hoy celebraríamos tu cumpleaños, tendrías cuatro años más que yo, creo que cumplirías cincuenta y uno pero no llegaste a cumplir los treinta y cinco, te marchaste tan joven y tan rápido que apenas pude despedirme; te lloré por mamá, ella ya no estaba pero desde su cielo me alcanzó su tristeza aunque nunca lo supo. Hace unos años, en el dos mil ocho también se fue papá, creo que estaréis los tres allá en el cielo, y cuando veo tres palomitas volar, me lo recuerda. Me acuerdo de ti casi todos los días, tengo un gato que se llama Prince, y siempre se sienta conmigo en el sofá, a veces al tumbarse lo suelo agobiar un poco para que me deje sitio, es entonces cuando te siento ahí conmigo, apostando por el asiento, compitiendo por él, y acompañándonos. Te querremos siempre Antonio, eso fue el epitafio que pusimos en tu sepulcro después de largos meses de reflexión. Este escrito es en tu memoria y para mi recuerdo

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Hoy miércoles 12 de agosto del 2015

Buenos días mundo:

Hoy me desperté temprano, mi despertador suena a las ocho y media de la mañana. Es agradable sentirse bien y descansada, tan solo siento una sequedad en los ojos que superaré poniendo gotas hidratantes. Ya me hice el café y escucho la sinfonía 8, 9, 10,12 y 13 de Mozart interpretada por Jaap Ter Lindes de la Academia de Ámsterdam.

Me he puesto a desempaquetar los libros que me trajo mi hija, dos de las cuatro cajas ya están vacías. ¡qué estrés!, libros y libros, que van y vienen, en definitiva libros que vuelven siempre a mí, que estudié, que leí, que disfruté. Libros en los que me detuve, en los que me envolvía, libros que en sus páginas estoy, libros en los que escribí con tinta de sangre mía.

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En Valencia a ocho de agosto de 2015

DSC_0698Sepan que el tiempo que les falta está en mi poder. Meditar, cantar, bailar y correr son las actividades favoritas de mi catálogo aunque hago otras más.

Hoy cocino lentejas que si las quieres las tomas y si no las dejas para otro día.

A ti, que calmas mi sed

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Siglo veintisiete, último capítulo de “El pirata y la niña”

Al salir de la nave espacial en la que viajamos a un nuevo planeta buscando una forma alternativa de vida, el destacamento militar sólo compuesto por nueve mujeres y una de ellas embarazada de 22 semanas y media, pudimos ver un paisaje extraordinariamente parecido a la Tierra, nuestro antiguo hogar, ya que a partir de ahora, y no sabemos hasta cuando, el nuevo planeta sería nuestra nueva residencia. Tras un corto paseo por las inmediaciones del lugar donde habíamos aterrizado, encontramos un cartel que alertaba de algo. Cuando volvimos a la nave, tras traducir con cierta dificultad dicho mensaje, descubrimos que se trataba de una advertencia, decía que los hombres habían olvidado su capacidad de amar.

mi espacio

Cita

ventisiete, siglo que estaremos haciendo si vivimos? yo estare contigo.

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ventisiete, siglo ültimo capitulo de “El pirata y la niña de la tortuga Isabel… Menchu1967@hotmail.es

Cita

ventisiete, siglo que estaremos haciendo si vivimos? yo estare contigo.

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Mi padre, persona preciosa

Que buenos recuerdos tengo de mi padre, que gran hombre, y sobretodo que gran padre. No es difícil hablar de él sin que aparezca en mi rostro la sonrisa sincera y clara. Fue un gran poeta y para hablar de él debo reescribir sus poesías publicadas, una a una.

Pedro Martínez Costa, natural de Madrid (24-4-1929, 27-7-2008), fue jefe de estación de Silla, y poeta. Desde su más corta edad sintió la necesidad de expresarse mediante la poesía. Huérfano de padre a sus 14 años, vivió una posguerra con muchas penalidades pero logró abrirse camino y estudió delineación en Madrid, entrando a trabajar en vías y obras, desde lo más bajo como él decía, yo le recuerdo siempre ayudando a los demás, sensible a todas las injusticias, recuerdo cuando pusieron veneno para matar a las ratas en la estación de Silla, que él observó que morían también las palomas y otras aves, denunció este hecho inmediatamente a las autoridades, y se publicó en el periódico; muchas veces me enseñó su carnet de la Asociación protectora de Animales y plantes, con orgullo decía que él era miembro. Hay que decir que Silla está ubicado en el Parque Natural de la Albufera. Me viene a la mente una de sus primera poesías:

A UN TRISTE PAJARILLO

Canta el pajarillo, canta

Su pena en triste balada.

¿por qué cantas pajarillo?

¿No ves que partes mi alma?

¿Acaso piensas que yo

pertenezco a esa calaña,

que contra la Ley de Dios

os tiene presos sin causa?

¡Cuanta pena me da verte!

¡Reo en tu cárcel de plata,

pensando que en otro tiempo

fuiste libre en cuerpo y alma!

¿Qué delito has cometid0

que estás dentro de esa jaula?

¿O es que quizá es pecado

tener esa voz de flauta?

Canta pajarillo canta

y pon en tu canto el alma

que ese sonoro argentino

se torne en forma de lágrima.

Y se eleve cadencioso

entre nubecillas blancas

y llegue al cielo…¡Y clame!

Pidiendo justicia humana.

Yo cambiara el cautiverio

por libre floresta en calma

y escuchara de amor tu trino

volando de rama en rama.

Pero no te martirices

haciendo llorar mi alma

con esas notas tan tristes

que arrancas de tu garganta.

Que siento impulsos salvajes

de subir a tu ventana

y decir al carcelero

¡Déjalo libre! ¡Canalla!

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Mi abuelo paterno

Mi abuelo murió en la postguerra sobre el año 1944 y era jefe de tren, vivía en Cartagena y era de Madrid. De pequeña yo fui al chalé del barrio del Peral, mi padre me contó que durante la guerra civil y al volver del colegio saltaba por encima de los cadáveres para poder llegar a su domicilio. El chalé disponía de un sótano donde se guarecían de las bombas, yo no entré en la vivienda porqué estuvo alquilado durante muchos años y cuando me llevaron a visitarlo ya lo iban a vender y no disponían de las llaves. Pero lo que yo vi y recuerdo es que era una casa de una planta con ninguna decoración sin puertas ni ventanas, no porque no las tuviera, es que yo no recuerdo, tenía bastante terreno yelmo, tan sólo chumberas y tierra. Cerca de allí arboledas y el andén de la estación. No recuerdo el viaje hasta allí, supongo que iríamos y volveríamos en tren, pero si puedo imaginar los cadáveres por entre los árboles. Fue una imagen desoladora y triste.

Del abuelo, mi padre habló poco o nada, toda su historia se centraba en que había sido desterrado a Mérida  por estar sindicado y que allí murió de enfermedad, después de eso la familia se mudó a Madrid y nunca más se supo, no hablaban de ello, era una historia turbia que nadie quería desenterrar. Supe que el abuelo había sido el primer inscrito socialista, ya que mi padre lo decía con orgullo pero nunca nadie que yo sepa pudo ver su tumba; poco antes de morir mi padre se empecinó en darle sepultura, pues por lo visto no tenía, dijo que estaba enterrado con una mujer que lo quería mucho pero su nombre no constaba en la lápida, y allá por el año 2005-2007 se hizo varios viajes a Mérida y tras gestiones tediosas logró sacar sus huesos de allí donde esa mujer misteriosa de la que no se sabe nada, lo habría tenido. Mi padre apareció con las cenizas del abuelo en casa y durante un año y medio celebramos todos los domingos que estaba con nosotros. Tomábamos pasteles después de la comida y le oí decir a mi padre que todos los días hablaba con él, era como su gran tesoro, por fin lo había conseguido. Después del año y media de personación de mi abuelo en casa, lo volvió a enterrar pero ahora sí con nombre y lápida junto con su esposa, mi abuela, en el cementerio de la Almudena de Madrid.

Hace unas semanas que yo llevo acordándome de él, mi padre al poco tiempo después de su hazaña murió y hace un año también murió su hermana mayor, mi tía Tomasa, que al no tener hijos dispuso que sus herederos fuesen sus hermanos y hermanas, al faltar mi padre fuimos sus sobrinos y sobrinas, o sea, mis hermanos y yo. Posiblemente este hecho haya sido el que me llevó a pensar en mi abuelo paterno, dándome cuenta de que apenas dispongo de información de este primer socialista inscrito y jefe de tren, mi abuelo desconocido. Indagué por internet y descubrí que en Mérida existes varias fosas de represaliados de la guerra civil española y que muchos de ellos el único crimen cometido fue ser trabajadores y que bastantes ferroviarios fenecieron allí sin sepultura en fosas comunes frente a la tapia del cementerio, entre 1500 y 4000 cadáveres. ¿Pudo ser mi abuelo uno de estos?, la pregunta me ha atacado en estas largas semanas y sin mi padre vivo no puedo asegurarlo. Le pregunté a mi primo y él me dijo que le contó su madre, mi tía, que a punto estuvo pero que un amigo suyo le ayudó. Pero, ¿y si su amigo no le pudo salvar?, ¿y si fue fusilado?, ¿nos hubiesen contado nuestros padres?, no, rotundamente este hecho era mejor desconocerlo para no sufrir.

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